
El pasado miércoles, Transparencia Internacional publicó el Índice de Percepción de Corrupción correspondiente al año 2017. Según informó la organización en un comunicado, “este año el índice hace énfasis en los países que han hecho muy poco o ningún progreso en frenar la corrupción” y que, por ende “son muy peligrosos para periodistas y activistas quienes arriesgan sus vidas cada día en un esfuerzo para denunciar”
El índice enlista 180 países y territorios de acuardo a la percepción de expertos y empresarios sobre la corrupción en el sector público de cada jurisdicción a través de calificación entre 0 y 100 (donde 100 es muy transparente y 0 muy corrupto). Este año, el índice muestra que alrededor del 66% de lo países obtuvieron calificaciones por debajo de 50 puntos, en un promedio de 43.
Los países más transparentes según esta nueva versión del Índice de Percepción de Corrupción 2017 son Nueva Zelandia y Dinamarca, con 89 y 88 puntos respectivamente, mientras que los países con el índice de percepción de corrupción más alto fueron Siria, Sudán y Somalia, con puntajes de 14, 12 y 9, en su orden.
A su vez, mientras que las regiones de África Sub-Sahariana y Asia Central fueron las peor calificadas con un promedio de entre 32 y 34, la región de Europa occidental fue la mejor promediada con 66.
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Análisis de la región de las Américas
“En los últimos años, América Latina y el Caribe lograron grandes avances en la lucha contra la corrupción. Existen leyes y mecanismos para frenar la corrupción, mientras que las investigaciones legales avanzan y los movimientos contra la corrupción de los ciudadanos crecen en muchos países de la región. Sin embargo, de acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2017, la región sigue teniendo una mala calificación por corrupción”, señala el informe de este año. De esta manera, si bien en los últimos años la región experimentó un sólido aumento en las leyes e instituciones que promueven la transparencia y la rendición de cuentas en el sector público, la aparición en el continente de grandes casos de corrupción puede haber contribuido a que la percepción no mejorara. Por ejemplo, aunque el caso Odebrecht resultó en sanciones para empresarios y figuras políticas de los niveles más altos en Brasil, Ecuador y Perú debido a su participación en sobornos y financiamiento ilegal a cambio de contratos públicos, aún es difícil de cuantificar la magnitud y los impactos de este caso en todos los países afectados. Adicionalmente, si bien se han logrado avances para combatir la corrupción en varios países, todavía no existen políticas generales para abordar las causas históricas y estructurales de la corrupción en toda la región. Los países que priorizan la lucha contra la corrupción y crean una política nacional a través del consenso y la participación pública y política están mejor posicionados para dar un importante salto cualitativo. Por el contrario, aquellos países que no priorizan los problemas de corrupción pueden perder terreno año tras año. Transparencia Internacional, además, lanzó una alerta de cara a que este es un año electoral crucial en varios países de América Latina y el Caribe. Así, el llamado es a que los candidatos y los partidos políticos incluyan fuertes componentes anticorrupción en sus propuestas y plataformas electorales para promover el cambio estructural. Para mejorar verdaderamente los esfuerzos contra la corrupción en América Latina y el Caribe, los gobiernos deben fomentar la voluntad política y demostrar un compromiso sostenido a largo plazo con las reformas anticorrupción. Colombia, por su parte, se ubica en el puesto 96 de la tabla global con un puntaje de 37 (durante las últimas cuatro versiones del índice nuestro país se ha alcanzado la misma calificación numérica), lo que lo ubica en la región de las Américas en la casilla 19 de un total de 32 países en el que Canadá es el mejor país (y octavo a nivel global) y Venezuela el peor, al ubicarse en la casilla 169 de la tabla general.